Todo investigador debería iniciar su formación con la elaboración de una Revisión Sistemática

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Disponemos de muchos ejemplos en los que una Revisión Sistemática (RS) a su debido momento hubiera beneficiado a miles de personas, hubiera evitado efectos indeseables de intervenciones a miles de pacientes, hubiera ahorrado mucho trabajo y tiempo de investigadores, y por supuesto, hubiera ahorrado mucho dinero de instituciones públicas y privadas.

Conocemos el caso de la rosiglitazona que se comercializó en Europa durante 10 años, hasta que una RS puso en evidencia el aumento de riesgo de infarto de miocardio (IAM) que provocaba y que no se había identificado en los ensayos clínicos (EC) previos. Muy similar es el caso con el rofecoxib, que pretendía sustituir a los AINEs, pero que también aumentaba el riesgo de cardiovascular.

El caso del síndrome de muerte súbita del lactante en que una RS elaborada en 1970 ya hubiera podido evidenciar el aumento de riesgo de la posición decúbito prono, pero no fue hasta 1995 que se recomendó de forma consistente la posición supina; esta RS hubiera podido evitar la muerte de 50.000 niños durante ese periodo.

El caso de la trombolisis con estreptoquinasa en el IAM, en el que un metaanálisi acumuliativo demostró que con los EC disponibles en 1973 (2544 pacientes incluidos en un total de 10 EC) ya se disponía de suficientes datos para que una RS realizada en ese momento hubiera evidenciado los beneficios de la intervención. Esta RS no se hizo y tuvieron que pasar casi 20 años más, con 60 EC y 45.610 pacientes incluídos, para que la recomendación fuera rutinaria. Miles de pacientes no se beneficiaron de esta intervención efectiva y gran cantidad de investigación, tiempo y dinero fueron desperdiciados.

Una RS permite poner de manifiesto evidencias sobre el beneficio y riesgos de intervenciones mucho antes que estudios individuales. Por estas razones, desde hace años, investigadores como Iain Chalmers o John Ioannidis (1) recomiendan que todo proyecto de investigación primaria se fundamente en los hallazgos de RS; por razones científicas, éticas y económicas.

Estas RS deberían ser identificadas durante la fase inicial de elaboración del proyecto de investigación, mediante una búsqueda bibliográfica de la literatura científica, y en caso de no existir, deberían elaborarse por los propios investigadores del proyecto. Estas RS deberían esclarecer la necesidad o no de la realización de nuevos estudios primarios. En el supuesto que los conocimientos aportados por las RS justifiquen continuar con el proyecto, estas deberían guiar el diseño del nuevo estudio, su ejecución y análisis. Y para cerrar el círculo, una vez finalizado el nuevo EC, los investigadores deberían actualizar las RS existentes sobre el tema con los nuevos datos obtenidos del reciente EC.

Para que este círculo sea completo y se cumpla de forma sistemática, es importante que todo investigador tenga los conocimientos y experiencia para poder identificar RS previas en la literatura científica, o en su defecto, ser capaz de elaborar una nueva RS, que guíe y justifique con criterios científicos, éticos y económicos la realización del nuevo proyecto de investigación.

De ahí la recomendación de que todo investigador novel debería iniciar su formación con la elaboración supervisada de una RS (2). La elaboración de esta RS le aportará al investigador la las habilidades imprescindibles para la investigación científica: formular una pregunta de investigación relevante (FINER), búsqueda bibliográfica, lectura crítica de estudios científicos, síntesis de resultados, identificar las implicaciones de los nuevos conocimientos a la práctica clínica y a los futuros proyectos de investigación, y por supuesto, los conocimientos que adquirirá sobre el diseño, ejecución y análisis de EC.

Bibliografía

  1. Mahtani KR. All health researchers should begin their training by preparing at least one systematic review. J R Soc Med [Internet]. 2016;109(7):141076816643954.  enlace
  2. Chalmers I, Bracken MB, Djulbegovic B, Garattini S, Grant J, Gülmezoglu AM, et al. How to increase value and reduce waste when research priorities are set. Lancet. 2014;383(9912):156-65. enlace

 

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